Los aragoneses de Famatina (La Rioja)

Los aragoneses cubrieron con su pujante actividad 35 años de historia de la minería argentina en la época colonial. Aún se conservaba, a principios del siglo XX, el recuerdo de los misteriosos aragoneses, las cantidades de plata que hicieron correr y la reanimación del comercio a que su largueza dio lugar en la villa de Chilecito.

 “Luego de la expulsión de los jesuitas, pasarían diez años de inactividad minera total hasta la llegada de Juan Leita”.
En 1812 Manuel Belgrano ordenó fusilar en Tucumán al minero español Juan Leita, uno de los míticos aragoneses que emprendieron la exploración de las minas argentinas luego de la expulsión de los jesuitas. Con esa indeliberada decisión, Belgrano puso fin a una pujante etapa de la minería argentina.

Una de las etapas que dio brillo a la historia de la minería argentina es la conocida como de “Los Aragoneses”.
Se sabe que la minería argentina remonta sus raíces a los pueblos indígenas que ya supieron explotar los metales nativos (oro, plata, cobre) y que también tuvieron una metalurgia interesante con la realización de distintas aleaciones. Los indígenas comunicaron sus conocimientos de lugares metalíferos a los jesuitas, quienes por su fuerte apego al conocimiento fueron los más exitosos en el rubro. Aún hoy, decir que una mina fue explotada por los jesuitas es la mejor carta de presentación que puede tener un proyecto minero. Fueron muy meticulosos en sus escritos y tomaron nota de todo. En 1767, el rey Carlos III ordenó su expulsión y ellos partieron hacia distintos lugares del mundo llevando sus escritos y bloqueando muchas de las minas que habían trabajado con éxito y de las cuales importantes volúmenes de metales preciosos fueron enviados a España.
Luego de la expulsión de los jesuitas pasarían diez años de inactividad minera total hasta la llegada en 1777 de los aragoneses Juan Leita y Juan Echavarría. Estos debieron traer entre sus pertenencias información de alguno de los jesuitas expulsados ya que pronto “descubrieron” ricas minas en las provincias de La Rioja y Catamarca, de las cuales obtuvieron considerables cantidades de oro y plata. Lo cierto es que estos célebres aventureros españoles comenzaron una frenética actividad exploratoria en el noroeste argentino, logrando el éxito suficiente como para atraer a otros mineros del Alto Perú y regiones vecinas. Uno de los distritos donde centraron sus actividades y alcanzaron éxitos notables fue en los cerros de Famatina, en la provincia de La Rioja. Para 1811, los incansables aragoneses se encontraban residiendo en Copiapó (Chile), desde donde emprendieron un viaje al Perú por el camino del Inca acompañados de un sirviente indio que resultó desconocer los pasos andinos. Cuenta la historia que después de un penoso viaje llegaron al lado argentino de los Andes, donde los sorprendió una gran tormenta que los obligó a guarecerse en las cavernas situadas entre las rocas de una garganta estrecha y profunda, cerca de una laguna, donde pasaron la noche. A la mañana vieron que las piedras con que habían rodeado el fuego tenían un llamativo color blanco y al analizarlos en detalle descubrieron que eran minerales de plata. Buscaron en el lugar y encontraron la veta madre a la cual marcaron con una cruz a cuchillo. Juntaron abundante material y partieron por caminos poco frecuentados. Al llegar a la provincia de Tucumán fueron sorprendidos por una guerrilla de patriotas del ejército del general Belgrano. Al aproximarse los soldados, Echavarría logró huir mientras que Leita consiguió enterrar la carga de plata en un campo cercano antes de ser apresado. Conducido ante Belgrano, Leita, en su confesión, hizo conocer el descubrimiento que había hecho de la mina de plata y del tesoro enterrado en el campo. Los datos que dio, sumado a los caminos difíciles por los que había andado, no convencieron al general, que ordenó el fusilamiento del supuesto espía en 1812.

Lo cierto es que Leita fue fusilado por Belgrano y que Echavarría desapareció para siempre. Todas las minas que ambos habían pedido, y que les fueron concedidas según consta en los registros de la época, cayeron nuevamente en el abandono.

Los aragoneses cubrieron con su pujante actividad 35 años de historia de la minería argentina en la época colonial. Aún se conservaba, a principios del siglo XX, el recuerdo de los misteriosos aragoneses, las cantidades de plata que hicieron correr y la reanimación del comercio a que su largueza dio lugar en la villa de Chilecito.